Las terapias de medicina oxidativa se basan en la relación entre el oxígeno y la respiración celular. Si el proceso de oxigenación dentro del cuerpo es débil o deficiente, el cuerpo no puede eliminar adecuadamente las toxinas. La acumulación de toxinas conduce a fatiga, apatía y lentitud. Cuando la mala oxigenación es crónica, nuestra respuesta inmunitaria general a los gérmenes y virus se debilita, lo que nos hace vulnerables a una amplia gama de enfermedades, incluido el cáncer .
Muchos patógenos, incluidas las células cancerosas, son anaeróbicos, es decir, se desarrollan en entornos con poco oxígeno. En 1966, el premio Nobel Dr. Otto Warburg confirmó que una condición clave para el desarrollo del cáncer es la falta de oxígeno en el cuerpo a nivel celular. Esto también se conoce como Disfunción mitocondrial.
Las terapias oxidativas aceleran el metabolismo del oxígeno y estimulan la liberación de átomos de oxígeno del torrente sanguíneo a las células. Cuando los niveles de oxígeno aumentan, los ambientes anaeróbicos del cuerpo disminuyen junto con el potencial de enfermedades. Cuando grandes cantidades de oxígeno inundan el cuerpo, se eliminan gérmenes, parásitos, hongos, bacterias y virus. Al mismo tiempo, las células sanas pueden multiplicarse mejor, lo que da como resultado un sistema inmunológico más fuerte y una respuesta inmunológica general mejorada. Además, las terapias oxidativas oxigenan el cuerpo y ayudan a cambiar los ambientes anaeróbicos del cuerpo a ambientes aeróbicos. Este cambio en el entorno del cuerpo no solo lo convierte en un anfitrión inhóspito para las células cancerosas, sino que en realidad las mata.